Iker Montero en “El Cubo”: redes sociales, teatro, infancia y la importancia de no perder nunca la capacidad de jugar

Iker Montero en “El Cubo”: redes sociales, teatro, infancia y la importancia de no perder nunca la capacidad de jugar

Hay invitados que llegan a El Cubo y encajan inmediatamente con la filosofía del programa. Iker Montero es uno de ellos. Actor, creador de contenido, escritor y una de las voces más reconocibles de las redes sociales de los últimos años, protagoniza junto a Sara Escudero una conversación que mezcla humor, vulnerabilidad, vocación artística y una reflexión constante sobre cómo seguir siendo uno mismo cuando la vida adulta empieza a llenarse de responsabilidades.

Entre chicles, caramelos imposibles y algunas de las “faenas” más delirantes que han pasado por el programa, el episodio termina dibujando un retrato muy humano de alguien que, pese a la popularidad alcanzada en internet, sigue defendiendo la importancia de conservar la curiosidad y la libertad con la que miraba el mundo cuando era niño.

Uno de los primeros temas que aparecen sobre la mesa son las redes sociales, precisamente el lugar donde millones de personas conocieron a Iker. Sin embargo, lejos de la imagen idealizada que muchas veces existe sobre el éxito digital, el actor habla con bastante sinceridad sobre el momento en el que se encuentra actualmente.

«Las redes sociales ahora mismo estoy en un punto en el que me dan una pereza soberana», reconoce durante la conversación.

La frase sorprende precisamente porque llega de alguien que construyó una comunidad enorme gracias a ese medio. Pero Iker explica que detrás de cada vídeo existe una cantidad de trabajo invisible que muchas veces el público no percibe. Recuerda los años del confinamiento, cuando llegó a publicar una cantidad enorme de contenido diario y cómo aquello terminó convirtiéndose en una profesión.

Sin embargo, también deja claro que las redes nunca fueron el objetivo final. Su verdadera vocación siempre estuvo ligada a la interpretación. «Yo soy actor, o sea, yo me he formado como actor», explica al hablar de la necesidad de compaginar el trabajo digital con los escenarios.

Y ahí aparece una de las ideas más interesantes del episodio. Para Iker, las redes sociales tienen sentido cuando conviven con aquello que realmente le apasiona. Lo resume de forma muy clara cuando reconoce que los momentos en los que solo se dedicaba al contenido digital sentía que faltaba algo importante. El teatro, los proyectos artísticos y el contacto directo con el público son los elementos que completan la ecuación.

La conversación da un giro especialmente emotivo cuando hablan de Pobrecito de mí, su libro. Sara lo define como un auténtico bebé creativo, una obra nacida desde un lugar profundamente personal. Iker coincide y explica que escribirlo fue, en gran medida, un proceso de liberación.

«Esto ha salido de mis entrañas», afirma al recordar la experiencia de ver el libro ya publicado y en manos de los lectores.

Lejos de sentir pudor por haberse mostrado vulnerable, defiende la importancia de compartir las propias historias. Porque, como señala durante la entrevista, nunca sabemos realmente lo que ha vivido la persona que tenemos delante. Esa reflexión conecta con otro de los temas centrales del episodio: la empatía.

Sara aprovecha ese momento para reivindicar algo que atraviesa muchas de sus conversaciones en El Cubo: la necesidad de dejar de compararnos constantemente con los demás y aprender a escuchar las experiencias ajenas sin juzgarlas. Una idea que encaja perfectamente con el mensaje que transmite el libro de Iker.

Pero probablemente uno de los momentos más divertidos y reveladores llega cuando el dado señala la infancia. Lo que comienza como una conversación sobre recuerdos de niñez termina derivando en una de las imágenes más surrealistas del episodio: Iker intentando responder preguntas mientras se llena la boca con una cantidad absurda de chicles.

Entre risas, reflexiona sobre cómo muchas veces recordamos con más fuerza las experiencias negativas que las positivas, incluso cuando hemos tenido una infancia feliz. Y a partir de ahí surge una conversación muy interesante sobre los miedos que vamos acumulando al crecer.

Iker comparte una idea que resume bastante bien su filosofía vital actual: «El día que yo pierda esta capacidad que tengo de escuchar más a la vocecita pequeña esta que me dice: hazlo, hazlo, hazlo…».

Esa «vocecita» representa precisamente aquello que muchas personas abandonan al hacerse adultas: la espontaneidad, el juego, la creatividad o la capacidad de hacer algo simplemente porque apetece.

Sara recoge esa reflexión y la conecta con una de las grandes conclusiones del episodio: se nos olvida jugar. Se nos olvida que muchas veces no hace falta una utilidad concreta para hacer algo. Que reírse, probar, equivocarse o incluso llenarse la boca de chicles delante de una cámara también puede tener valor.

Al final, más allá de las anécdotas, las bromas y las faenas, la conversación entre Sara Escudero e Iker Montero deja una sensación muy clara. La de una persona que ha aprendido a convivir con la exposición pública sin perder de vista quién era antes de ella. Un creador que sigue encontrando sentido en el teatro, en la escritura y en las pequeñas cosas cotidianas. Y alguien que, pese a haber crecido profesionalmente delante de millones de personas, sigue defendiendo algo tan simple como necesario: no dejar nunca de jugar.

Visita el canal de YouTube de Sara Escudero para ver el programa completo. 

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