Hay personajes públicos que parecen atrapados en su propia caricatura, envueltos en una coraza de optimismo y purpurina que rara vez deja ver lo que hay detrás. Sin embargo, cuando se apagan los focos de la inmediatez y se entra en un espacio de confianza, la realidad siempre sorprende. El paso de Aless Gibaja por El Cubo, el programa de Sara Escudero, ha sido una de esas ocasiones donde el personaje se aparta para dejar hablar a la persona.
Conocido por sus mensajes de positividad extrema, sus estilismos llamativos y sus icónicos «súper consejitos», Aless se enfrenta en este episodio a una conversación pausada, madura y, por momentos, profundamente emotiva. A través de las dinámicas del programa, el influencer va desgranando cómo gestiona la popularidad, el dolor de los prejuicios, la preocupante falta de empatía en la sociedad actual y, por encima de todo, el valor innegociable que tiene para él su familia.
La conversación arranca recordando sus inicios en el mundo del entretenimiento y el nacimiento de su primera canción, Sexy Summer. Lejos de vender una historia de preparación o ambición desmedida, Aless lo recuerda con total naturalidad y humor. Explica que la propuesta le llegó de forma totalmente casual por parte de una productora que vio en él algo más importante que la técnica vocal: la actitud. «Digo, yo no tengo voz, no sé cantar. Da igual, tú tienes actitud, no te da vergüenza», rememora sobre aquel momento que cambiaría su proyección pública.
Pero esa exposición constante tiene una doble cara que Aless conoce muy bien. La fama le ha dado grandes oportunidades, pero también le ha obligado a convivir con el juicio rápido de quienes solo ven la superficie. «Sería súper injusto culpar a la fama porque me ha dado muchísimas cosas y no volvería atrás… pero lo más gordo es que siempre me estén juzgando por una imagen, por una forma de hablar, por un físico, por un look, por un vídeo. Al final, el no conocerme«, confiesa con una vulnerabilidad que desarma.
Es en la gestión de esa negatividad donde Aless demuestra haber hecho un importante trabajo de madurez emocional. Al hablar de los ataques en redes sociales, recurre a una de sus definiciones más célebres y certeras para restarles poder: «Los haters al final, o sea, son fans confundidos. Perdidos, confundidos, confundidos». Una forma ingeniosa de desactivar el odio y no permitir que afecte a su esencia.
Esa mirada analítica sobre el comportamiento humano lo lleva a compartir una de las reflexiones más potentes y serias de todo el encuentro. Aless no oculta su preocupación por la deriva de las relaciones sociales en la actualidad, marcadas por la impaciencia y la desconexión emocional. «Vivimos en una sociedad que es tremenda… hay más humanos que humanidad. Y yo creo que es una pena porque en vez de ayudarnos, en vez de sumarnos, en vez de multiplicar, la gente te resta», señala con pesar.
Frente a esa pérdida de valores colectiva, el influencer ha optado por refugiarse en lo que verdaderamente sostiene su vida: su familia y, de manera muy especial, sus abuelos. Aless comparte con orgullo la asombrosa vitalidad de sus abuelos, que ya superan los noventa años y siguen derrochando energía en su día a día. Pero más allá de la anécdota, revela una decisión vital que define su escala de prioridades: ha llegado a rechazar importantes proyectos profesionales para poder estar cerca de ellos y cuidarlos.
De ahí nace el que probablemente sea el consejo más sincero y real de su paso por el programa: «Y el súper consejito en este caso es prioriza, prioriza a tus abuelitos, a tu familia, a la gente que te quiere de verdad antes que cosas laborales, que luego llegarán. Y la vida, Diosito, te lo recompensará con otra cosa».
Esta filosofía de vida conecta con la necesidad de aprender de los errores sin caer en la culpa o el castigo personal. Aless defiende que el camino recorrido, con todas sus luces y sombras, es lo que construye la identidad de cada uno. «No hay que arrepentirse de nada en la vida porque todo son lecciones y todo son aprendizajes. Porque sin esos errores… no sería yo. Y al final todo es un aprendizaje. Y hay que aprender a perdonarse uno mismo«, explica, haciendo hincapié en la importancia de ser compasivos con nosotros mismos cuando hemos sido demasiado buenos o ingenuos en el pasado.
Por su parte, Sara Escudero aporta su propia dosis de sabiduría y cercanía durante la charla, recordando que el sentido del humor es el mejor salvavidas posible ante las dificultades diarias. «Si aprendes a reírte de ti mismo, vas a tener diversión garantizada durante toda tu vida«, apunta la presentadora. Sara también abre su corazón al hablar de cómo transita el duelo tras la pérdida de sus perras Zuri y Nala, reconociendo que, aunque no pasa un solo día sin que llore su ausencia, ha aprendido a convivir con ese dolor con madurez y aceptación.
Hacia el final del encuentro, Aless vuelve a conectar con ese optimismo innato que lo caracteriza, pero esta vez desde una perspectiva mucho más madura y consciente. Para él, la actitud sigue siendo la llave para abrir cualquier puerta, por muy cerrada que parezca. «Un súper consejito muy top es que en la vida nada es imposible, porque si quitas la I y la M de imposible se convierte en posible. Exacto. Todo es posible en la vida», concluye.
El paso de Aless Gibaja por El Cubo nos descubre que detrás del rosa, de las frases hechas y de la energía incombustible, hay un hombre con un profundo sentido de la responsabilidad familiar, una gran capacidad de resiliencia y una escala de valores donde el amor y el cuidado a los suyos están muy por encima de cualquier éxito profesional o contrato laboral. Una lección de humanidad en tiempos donde, como él mismo dice, a veces escasea.
Visita el canal de YouTube de Sara Escudero o haz click aquí para ver el programa completo.