Hay personas que parecen tener muchas profesiones y otras que, en realidad, han encontrado diferentes maneras de desarrollar una misma vocación. Hermoti pertenece claramente al segundo grupo. Actor de doblaje, imitador, cantante, creador de contenido y presentador, su trayectoria está unida por una idea bastante sencilla: entretener y comunicarse con los demás.
Su paso por El Cubo, el programa de Sara Escudero, permite descubrir qué hay detrás de todas esas voces. Entre chuches de los años noventa, petazetas, sabores imposibles y las habituales “faenas” del formato, la conversación termina hablando de la infancia, la ansiedad, la suerte, los sueños profesionales y el proceso de aprender a escuchar aquello que uno lleva dentro.
El primer tema que aparece en el cubo es “Mini Dani”. Y la conversación comienza viajando hasta la infancia de Hermoti en Zamora, donde creció como el pequeño de cuatro hermanos, con una diferencia de dieciocho años respecto al mayor.
Recuerda una infancia feliz, marcada por los años noventa, la música, las chucherías y una familia que le permitió explorar sus inquietudes sin hacerle creer que todo lo que hacía era extraordinario. Sus padres no le regalaban constantemente elogios, pero tampoco intentaban frenarlo. Lo animaban a seguir practicando y a continuar mejorando.
Lejos de vivirlo como una falta de apoyo, Hermoti considera que aquella actitud lo ayudó a mantener los pies en la tierra y a entender que el talento también necesita trabajo. Esa mirada hacia su infancia deja una de las reflexiones más bonitas del episodio: “Todos los mini Danis que han ido creciendo están dentro de mí”.
Porque aquel niño que cantaba, jugaba y hacía voces sigue formando parte del artista que es ahora. Aunque encontrar el camino para dedicarse a ello no siempre fue sencillo.
Cuando llegó el momento de elegir estudios, Hermoti quería formarse en interpretación. Sin embargo, su familia procedía de un entorno alejado del mundo artístico y veía aquel futuro con cierta preocupación. Él entiende esa reacción y no la recuerda desde el reproche. Al contrario, reconoce que las decisiones tomadas entonces también forman parte del recorrido que finalmente lo ha llevado hasta donde está.
Estudió Ingeniería Aeronáutica y durante un tiempo intentó avanzar por un camino profesional más convencional. El problema apareció cuando comenzó a sentir que estaba llegando tarde a la vida artística que realmente quería construir.
Al hablar de sus errores, lo resume con una idea muy clara: “El mayor de los errores es precipitar el éxito”.
Hermoti explica que durante mucho tiempo vivió con la sensación de ir por detrás, como si existiera una edad concreta para convertirse en artista y cada año que pasaba redujera sus posibilidades. Esa presión terminó provocándole un periodo de ansiedad y depresión.
Durante la conversación habla con naturalidad de haber acudido a un profesional, haber tomado medicación y haber tenido que afrontar decisiones que le producían miedo, pero que resultaban necesarias para cambiar el rumbo de su vida.
No presenta aquella etapa como una historia sencilla de superación. Lo que aparece es un proceso mucho más real: comprender que no podía seguir ignorando aquello que su cuerpo y su propia identidad llevaban tiempo intentando decirle. A partir de ahí comenzó a acercarse al doblaje y a construir poco a poco una trayectoria ligada al espectáculo.
Esa experiencia conecta con otro de los grandes temas del episodio: la suerte.
Hermoti reconoce que ha tenido oportunidades que cambiaron su carrera, pero cuestiona la idea de que el esfuerzo garantice siempre una recompensa. Hay personas que trabajan, se preparan y persiguen durante años una oportunidad que quizá nunca llegue. No porque no lo merezcan, sino porque la vida no funciona como una ecuación perfecta.
Su forma de resumirlo es tan rotunda como provocadora: “La meritocracia son los padres”.
La frase no niega la importancia del trabajo ni de la constancia. Lo que pone en duda es la creencia de que cualquier persona puede alcanzar exactamente el lugar que desea si se esfuerza lo suficiente. Para Hermoti, la suerte existe y también es importante reconocerla cuando aparece.
Pero aceptar el papel del azar no significa dejar de soñar. De hecho, cuando Sara le pregunta por ello, Hermoti responde sin dudarlo: “Soy muy soñador”.
Entre sus grandes deseos aparece la posibilidad de presentar un evento multitudinario como La Velada de Ibai. Lo que le atrae no es solo el tamaño del escenario, sino la oportunidad de entretener, crear una experiencia compartida y provocar la risa de miles de personas.
También habla de otro sueño muy relacionado con el niño que creció viendo películas de animación: interpretar con su voz a un personaje protagonista de Disney o Pixar.
La conversación llega entonces al concepto que probablemente mejor resume todo el episodio: la voz propia.
Encontrarla podría parecer especialmente complejo en alguien conocido precisamente por reproducir voces ajenas. Sin embargo, a medida que avanza la charla queda claro que la imitación no ha ocultado su identidad. Más bien le ha permitido descubrir todas las posibilidades de su principal herramienta.
Hermoti edita sus propios vídeos, hace teatro, radio, pódcast, doblaje, música, imitaciones y presentaciones. Incluso ha comenzado a explorar la producción musical. Lejos de considerar esta variedad una falta de definición, entiende que todas esas facetas forman parte de la misma persona.
“La voz es todo lo que llevas dentro y es la manera de comunicarlo fuera”, explica durante el programa.
Por eso conocerla resulta tan importante. En su caso, la voz es una herramienta física que necesita práctica, calentamiento y concentración, especialmente antes de una sesión de doblaje o de un espectáculo musical. Pero también es una identidad creativa capaz de adaptarse a diferentes formatos sin dejar de pertenecerle.
El episodio deja algunos de sus momentos más divertidos cuando Sara le pide que interprete sus voces favoritas. Hermoti elige a Bender y Albus Dumbledore, dos personajes que conoce lo suficiente como para improvisar con ellos y llevarlos a situaciones completamente inesperadas.
Pero detrás del juego aparece también una reivindicación seria del doblaje. Hermoti defiende el enorme nivel interpretativo de quienes construyen personajes desde un estudio sin que su rostro aparezca en pantalla. Parte de su trabajo en redes consiste precisamente en mostrar quiénes están detrás de esas voces y ayudar al público a reconocer el talento que exige esta profesión.
Y quizá ahí se encuentre la verdadera voz propia de Hermoti. No en elegir una única disciplina ni en renunciar a las imitaciones para demostrar quién es, sino en encontrar una manera personal de reunir todo aquello que le apasiona.
Porque detrás de Bender, Dumbledore y todas las voces que interpreta sigue estando Dani. El niño que cantaba en Zamora, el ingeniero que sentía que llegaba tarde y el artista que atravesó el miedo para cambiar de camino.
Su paso por El Cubo deja una idea muy clara: encontrar la voz propia no siempre consiste en descubrir algo que no existía. A veces consiste en dejar espacio para que salga todo lo que llevaba años creciendo dentro de nosotros.
Visita el canal de YouTube de Sara Escudero o haz click aquí para ver el programa completo.